sábado, 30 de septiembre de 2017

Cansado de la gente

A veces me levanto así, atravesado por una lanza que me incomoda todo el día,  que no me deja acomodar el espíritu para coexistir en sincronía con el universo. Fue la comida? La intensidad del fin de semana? Las malas energías recibidas? No lo sé. Por lo general aguanto bien desde el alba hasta la noche y mejor cuando duermo poco. Pero la batería se acaba y hay días que no quiero nada de nadie, que me iría a tumbuktu y ojala ahí encontrar una cueva fresquita donde meterme para no verle la cara a nadie. Odio por la humanidad. Así lo interpreto. Difícil es si trabajas con gente y les debes respeto y los debes atender con la misma sonrisa de siempre, si les debes escuchar sus problemas y necesidades, cuando ya tienes suficientes con lo pesado de tu existencia, con que no te aguantas a ti mismo.

Difícil ponerse el disfraz en días como este y tener que salir a instalar verdades. Hoy no me interesa darle en el gusto a nadie. No me interesa mantener el personaje ni me da miedo desperfilarme. Hoy les  digo que me dejen tranquilo y que no me hueveen por favor.

Se pueden ir todos y desaparecer, ojala me dejen solo o me lleve el diablo a otra dimensión porque en días como hoy me gustaría estar solo y caminar por pueblos fantasmas llenos de polvo, con caminos de tierra y viento en la cara. En días como hoy se me acaba el amor por la gente y la esperanza en el ser humano y su capacidad de amar, porque en días como hoy es cuando más los veo como realmente son, seres egoístas, llenos de esterotipias y falsedades, queriendo parecer cosas que no son, jugando siempre a quedar bien, a mostrar lo felices, lo importantes que son y lo bien que están.

Me agreden las formas y las convenciones, me violentan profundamente los comentarios de buena crianza y las verdades a medias, las cortesías, las buenas costumbres y todo lo falso de la gente que pretende que se interesa por otros cuando la presión social es la que manda, ese ojo enorme que son los  otros y que nos están observando constantemente por si fallamos, por si damos un paso en falso y nos mostramos como realmente somos, cuan egoístas somos, cuan básicos y viscerales somos.

Dan ganas de gritar ¡yo soy uno más! ¡pero no me interesan ustedes, con suerte hoy me aguanto a mi mismo! ¡Déjenme en paz! ¡No me hagan actuar! ¡No quiero tener que actuar más!
Hay días en que amanezco atravesado por la lanza de lo imperfecto y lo políticamente incorrecto y mejor no me busquen ni me odien, simplemente ignórenme y háganme feliz.

Estoy cansado de la gente, de su divagar de sus caretas porque en ellas reconozco las mías. Porque me los sé de memoria y no aguanto la pedantería en que me convierto, porque sé que después se me olvida y vuelvo a ser como ellos, porque no soy alguien mejor, porque a veces siento que soy el peor de todo por odiarles tanto…

Hay días que amanezco así y durante la mañana me puede acompañar la música triste y el trinar de los pájaros. Con eso se me va desinflando el odio y la auto conmiseración.

Me imagino que después de todo siempre gana el control y el temor a  que ser marginado por la sociedad se transforme en una cárcel aun peor. Me imagino y me auto convenzo que en realidad no soy así, que es solo un estado, una mala vibración, que no logré acomodarme mientras dormía y desperté atravesado y fuera de línea, un poco distorsionado y desdibujado, un poco fuera de aquí y más de allá, donde todos incomodan o no existen de verdad.


Se me pasa al rato todo el odio y vuelvo a la rutina del aparentar , porque no me cuesta, por que calza con todo lo demás, porque sincronizo con el resto y me siento humano de nuevo, porque vuelvo a vibrar en el mismo tono y así no corro riesgo, porque ya no desafino y así pasa piola mi forma de ser. Al fin no me dejan muchas opciones, ellos son mas y yo soy solo uno, odiando al mundo por ser como es…. O no es así?

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