sábado, 28 de enero de 2017

Conexión

La noche estallo en abrazos y fuegos de artificio. La gente reunida en aquella casa se buscaba frenética para abrazarse y desearse el mejor de los años al igual que el año anterior. Yo que tenia a mi lado a mi mujer y a la bebe en sus brazos las abrazé primero y  me quede esperando a que el resto se acercara como quien tiene todo el tiempo del mundo.

Era tarde y mis hijas debían estar durmiendo pero se quedaron despiertas más por voluntad del ambiente reinante que por las energías ya agotadas de un día largo. Busque la mirada de mi Esperanza mientras abrazaba a sus abuelos. “Dejala” me dijo mi mujer, “los esta abrazando pero ya viene”.  La vi sortear abrazos y piernas para ir a donde estábamos y abrazarnos.  Nos fundimos en el ansiado abrazo que espera un año para repetirse. Feliz año papi – me dijo y me derretí. Luego abrazo a su madre y los cuatro fuimos uno.

Me imagine a mi mismo en tantos años nuevos, feliz porque era el día en que no había hora para acostarse, en que el cielo nocturno se hacía de día con los fuegos artificiales, en que llegaban todos los amigos de mis padres a saludarnos pero también me vi solo entre adultos que no entendían como actuar frente a un niño en año nuevo. Por eso sentí que en esos momentos cuando todo el mundo está preocupado de sí mismo, tuve la necesidad de ir donde mi hija y al menos con una mirada darle certeza de que yo estaba ahí para ella, para lo que ella y cuando ella quisiera. A veces solo faltaba una mirada para decir todo esto y ella solo con una sonrisa me lo agradecía.

Como era de esperarse, después del abrazo Esperanza se quedo en medio de toda esta gente gigante, que se abrazaba y apenas la esquivaba para no pisarla. Dimos mas abrazos y buenos deseos, agradecimos a los dueños de casa e incluso en alguna que otra ocasión, logre desearle realmente un buen año a quien abrazaba aunque no lo hubiera vistió en mi vida.  Pero luego la vi,  probablemente sintiéndose muy sola, como tantas veces yo me había sentido…. Y entonces decidí que no, eso a ella no le tenía porque pasar. Así que me fui  donde estaba y agachándome para quedar a su altura la abrace de nuevo  y le pregunte que le pasaba, -Es que echo mucho de menos al Tata- me dijo. – Yo también lo hecho de menos, mi amor. Pero el se encuentra en un lugar mejor. El se fue por que estaba muy enfermo y estaba sufriendo mucho en este mundo, el está en un lugar mejor- repetí casi por inercia como en otras veces cuando mi hija me preguntaba por mi Padre y porque estaba en el cielo y ya no lo podíamos ir a visitar.  Como se le explica a una niña de cuatro años el sentido de la muerte? Cómo se le hace ver que la muerte es algo definitivo, la más cruda de las verdades y como se puede dar uno el lujo de romper la perfecta ilusión de otro sin poder pegar los trozos después para repararlo.

-          Yo también lo echo mucho de menos , pero vamos a hacer un “salu” por el Tata para que se acuerde de nosotros y vea que estamos felices festejando -.

Solo entonces  logre que volviera a sonreír y brindamos, ella con jugo, yo con champaña, nada mas distinto,  pero que en un mágico momento decidido por los dos, se fusionan en un homenaje a mi padre muerto.

Luego la noche reinicio su andar y después de ese breve momento detenido en el tiempo,se me vienen a la mente tantas preguntas, tantas dudas y tantas sensaciones:  quisiera preguntarle yo a una niña de cuatro años, cómo es que se acuerda aún de su abuelo quien lleva hace dos años muerto, quisiera saber cómo explicarle el sentido definitivo de la muerte y a la vez quisiera no tener que hacerlo, quisiera que nunca se sienta sola o incomprendida por los gigantes que la rodean, quisiera creer que siempre voy a estar para ella cuando se que es imposible.

Dejo todos los quisiera junto con las lentejas y los deseos para el nuevo año. Me levanto porque la fiesta debe continuar aunque agregué más interrogantes a la vida que las que tenía cuando me agache.

Por último, como corolario de un momento irrepetible, le dedico mis pensamientos en esa noche especial a mi padre donde quiera que este. Le agradezco a mi manera por seguir estando ahí presente, por hacerse ver en esos pequeños detalles, por cuidar a mi pequeña, por marcar nuestras vidas y por hacerme ver la conexión que existe entre un padre y un hijo por muy pequeño que este sea. Y finalmente me quedo con la mirada inquieta e insegura de mi hija cuando buscándome entre las piernas de los gigantes, se encuentra con la mía y su mirada se torna en sonrisa segura porque ya tiene en quien confiar. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario