Era tarde y mis hijas debían estar
durmiendo pero se quedaron despiertas más por voluntad del ambiente reinante
que por las energías ya agotadas de un día largo. Busque la mirada de mi Esperanza
mientras abrazaba a sus abuelos. “Dejala” me dijo mi mujer, “los esta abrazando
pero ya viene”. La vi sortear abrazos y
piernas para ir a donde estábamos y abrazarnos. Nos fundimos en el ansiado abrazo que espera
un año para repetirse. Feliz año papi – me dijo y me derretí. Luego abrazo a su
madre y los cuatro fuimos uno.
Me imagine a mi mismo en tantos
años nuevos, feliz porque era el día en que no había hora para acostarse, en
que el cielo nocturno se hacía de día con los fuegos artificiales, en que
llegaban todos los amigos de mis padres a saludarnos pero también me vi solo
entre adultos que no entendían como actuar frente a un niño en año nuevo. Por eso
sentí que en esos momentos cuando todo el mundo está preocupado de sí mismo, tuve
la necesidad de ir donde mi hija y al menos con una mirada darle certeza de que
yo estaba ahí para ella, para lo que ella y cuando ella quisiera. A veces solo
faltaba una mirada para decir todo esto y ella solo con una sonrisa me lo
agradecía.
Como era de esperarse, después del
abrazo Esperanza se quedo en medio de toda esta gente gigante, que se abrazaba
y apenas la esquivaba para no pisarla. Dimos mas abrazos y buenos deseos, agradecimos
a los dueños de casa e incluso en alguna que otra ocasión, logre desearle
realmente un buen año a quien abrazaba aunque no lo hubiera vistió en mi vida. Pero luego la vi, probablemente sintiéndose muy sola, como
tantas veces yo me había sentido…. Y entonces decidí que no, eso a ella no le tenía
porque pasar. Así que me fui donde
estaba y agachándome para quedar a su altura la abrace de nuevo y le pregunte que le pasaba, -Es que echo
mucho de menos al Tata- me dijo. – Yo también lo hecho de menos, mi amor. Pero el
se encuentra en un lugar mejor. El se fue por que estaba muy enfermo y estaba
sufriendo mucho en este mundo, el está en un lugar mejor- repetí casi por
inercia como en otras veces cuando mi hija me preguntaba por mi Padre y porque estaba
en el cielo y ya no lo podíamos ir a visitar. Como se le explica a una niña de cuatro años
el sentido de la muerte? Cómo se le hace ver que la muerte es algo definitivo,
la más cruda de las verdades y como se puede dar uno el lujo de romper la
perfecta ilusión de otro sin poder pegar los trozos después para repararlo.
-
Yo también lo echo mucho de menos , pero vamos a
hacer un “salu” por el Tata para que se acuerde de nosotros y vea que estamos
felices festejando -.
Solo entonces logre que volviera a sonreír y brindamos, ella
con jugo, yo con champaña, nada mas distinto, pero que en un mágico momento decidido por los
dos, se fusionan en un homenaje a mi padre muerto.
Luego la noche reinicio su andar
y después de ese breve momento detenido en el tiempo,se me vienen a la mente
tantas preguntas, tantas dudas y tantas sensaciones: quisiera preguntarle yo a una niña de cuatro años,
cómo es que se acuerda aún de su abuelo quien lleva hace dos años muerto,
quisiera saber cómo explicarle el sentido definitivo de la muerte y a la vez
quisiera no tener que hacerlo, quisiera que nunca se sienta sola o
incomprendida por los gigantes que la rodean, quisiera creer que siempre voy a
estar para ella cuando se que es imposible.
Dejo todos los quisiera junto con
las lentejas y los deseos para el nuevo año. Me levanto porque la fiesta debe
continuar aunque agregué más interrogantes a la vida que las que tenía cuando me
agache.
Por último, como corolario de un
momento irrepetible, le dedico mis pensamientos en esa noche especial a mi
padre donde quiera que este. Le agradezco a mi manera por seguir estando ahí presente,
por hacerse ver en esos pequeños detalles, por cuidar a mi pequeña, por marcar
nuestras vidas y por hacerme ver la conexión que existe entre un padre y un
hijo por muy pequeño que este sea. Y finalmente me quedo con la mirada inquieta
e insegura de mi hija cuando buscándome entre las piernas de los gigantes, se
encuentra con la mía y su mirada se torna en sonrisa segura porque ya tiene en
quien confiar.
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