Ya falta poco para que mi hija de diez días despierte.
El clic de las teclas suena peligrosamente desde que
nació, porque su despertar significa que ya no podre conciliar el sueño hasta
la madrugada, hasta que el sol se vea salir por detrás de la alta nieve, en un
espectáculo tan maravillante como cotidiano.
Pero siempre hay un nuevo aire para quien lo necesita, y si
amanece sin dormir, bien se puede esperar a la noche, hay una nueva oportunidad
para soñar. Qué más da si el que sueña se pierde de disfrutar lo mundano, el
cambiar pañales o sacar flatitos… lo que hace que la paternidad sea a la vez un
martirio y una bendición.
A los diez días no se mensura que la falta de sueño es solo
el menor de los sinsabores y que esos sinsabores pasan a ser lo que mueve
tu mundo. La angustia de dejarla sola
por primera vez en la sala cuna, la preocupación incesante cuando está enferma,
la inquietud sempiterna cuando llora sin consuelo y no sabes que hacer para que
se calme. Pero sobre todo la permanente sensación de que la entiendes, de que
tu pasaste por lo mismo y que en lo posible a pesar de que no entiendes como piensa
una bebe de 10 días o nueve meses, solo te preocupa que este bien y que tenga
un ambiente amoroso en el cual crecer.
Piensas en las niñas del mundo y solo quieres que la tuya
tenga un mejor futuro: que no tenga que lidiar por un salario igualitario, que
no tenga que lidiar con una sociedad machista que la juzgue por trabajar, que
no tenga que cuestionarse si tener hijos o no y solo le vengan las ganas de repente
con el instinto maternal, que pueda partir de las mismas condiciones que el
resto de sus compañeros hombres y que no la encasillen en el rol de princesa
por más valiente que sea….
Pienso en cuantas niñas del otro lado del mundo no tendrán
la misma suerte y si logran ir al colegio ya tendrán 50% más de posibilidades
de sobrevivir a la edad adulta. Pienso en las niñas de mi país que aun deben
luchar contra la discriminación y la misoginia de sus padres y profesores.
Pienso en la chica lesbiana que no logar calzar en su grupo y se siente fuera
de lugar. Pienso en la niña migrante hermosa como princesa inca que debe
aguantar una y otra vez la discriminación por su piel y rasgos. Pienso en la
niña que por solo ser niña debe aguantar el abuso de su padre y de sus mayores,
pienso en el silencio de esas niñas y lloro por tanta injusticia…
Soy hombre y nunca entendí porque no podía perseguir las
mismas reivindicaciones de las mujeres cuando sentía y compartía su lucha como
propia. Por que excluirme de eso si es la lucha más antigua y justa de la
humanidad. Si el género determina, al menos que en esto haga una salvedad. Pero
es raro dicen que el hombre abogue por los derechos de la mujer. No será Gay?
Dicen los inseguros de si mismos. No será raro? dicen los que no entienden nada,
no será falso dicen los que tienen que resolver sus propios traumas.
La sensibilidad me viene de mi padre artista y la
convicción de mi madre bibliotecaria, amante de los libros, funcionaria publica
que trabajo toda su vida por la educación de este país y que crio a sus hijos a
pesar de las miradas pre-juzgadoras que no entendían como podía dejar a su
hijos al cuidado de una nana.
Esa sensibilidad y convicción criadas y maceradas por años
me permite hoy empatizar con cada mujer que lucha, con cada niña que sueña, con
cada mujer que se preocupa por dejar a sus hijos solos por tener que trabajar y
que de pronto ve todo cuesta arriba, con cada madre que como mi pareja, debe
luchar con todo en contra para validarse en su trabajo por el puro hecho de
haber elegido ser madre y priorizar la crianza de su hija pequeña. Porque tiene
la certeza de que su hija la tendrá igual de difícil de aquí en adelante y más
vale prepararla y darle todo el cariño para que nunca le falte corazón para salir
adelante, Porque pucha que lo necesitará en el mundo de los hombres, machista y
misógino que tendrá que conquistar, no por gusto si no que por el solo hecho de
ser mujer, es lo que le tocó.
No soy el padre ni el marido perfecto, no me puedo arrogar
la estatura moral para criticar a otros hombres por su comportamiento con las
mujeres, aunque me gustaría decirle a un par de esos lo idiota que se ven
cuando las denostan, generalizan o las limitan a objetos… pero no es el frente
al que quiero llegar, porque existe un contexto más peligroso, en el cual las
mujeres de hoy y las de mañana incluyendo a mis pequeñas hijas se deben enfrentar. Ese discurso moral que te dice que no
debieras trabajar si eres madre porque descuidas tu labor sagrada y más
importante, ese contexto que te obliga a pensar en todo y en todos porque los
hombre trabajan y cuando llegan a casa deben descansar, como si lo que se hace
en la casa no fuera trabajo también, ese contexto invariable y lapidario para
las mujeres que son padre y madre a la vez que deben sacara a sus hijos
adelante, formarlos con dureza para que no los pasen a llevar porque resulta
que “como no hay padre que los defienda
están más vulnerables”. Ese contexto que te deja perplejo cuando ves que son
las propias mujeres las que más discriminan y replican las lógicas machistas.
Solo quiero que mis hijas crezcan libres. Con todo lo que
eso implica. Que no tengan que ser princesas si no quieren, que no escojan al
hombre que las acompañara solo porque les dará estabilidad, que no escojan al
hombre si lo que quieren es a una mujer, que no deban revisar si les pagan los
mismo que sus compañeros, que no se sientan en falta por tener hijos y desaparecerse
de sus trabajos por seis meses, que no tengan que probar a nadie que pueden
compatibilizar ambos roles porque son incompatibles y como sociedad nuestra
primera preocupación debe ser que nuestros hijos estén bien antes de cualquier
otro interés. Ellos o ellas estarán bien porque tienen padres y madres que se
preocupan de que estén bien y eso no significa estar todo siempre encima para
que no les pase nada, significa que cada vez que se caigan o sufran, sepan cómo contenerlos y darles consuelo,
guiarlos en cómo sacar lecciones de los errores y como saber levantarse y
sobrellevar el dolor como una de las tantas cosas que la vida te regala. Porque
los niños y las niñas nacen para VIVIR, no para protegerlos de la vida misma. No
somos guardianes de lo inefable, no somos eternos para estar siempre con ellos,
los hijos e hijas son prestados, como decía mi padre, y el tiempo que nos toca
acompañarlos es el más satisfactorio y a la vez el más intensamente angustiante
que nos toca vivir, es la prueba máxima de vida, porque no se trata de la
nuestra si no que de tratar de que ese otro/ otra pueda vivirla lo mejor
posible. Es el eterno carpe diem, pero no egoísta si no que desinteresado y
cruzado por el amor infinito hacia ese alguien que ayudaste a procrear.
Por eso, deseo que mañana cuando mis hijas se levanten vean
un mundo de posibilidades, en el que no es imposible ser jugadora de futbol,
arquitecto, médico, enfermera, político o escritora. Un mundo en que si eres
carabinera no tienes que aguantar el acoso de tus superiores, un mundo en el
que te dejen tranquila y ser lo que quieres es igual para mujeres y hombres. Un
mundo en el que el nacer mujer no es una
desventaja.
Un mundo con más igualdad y equidad sin tener que pelear a
diario por eso. Un mundo en el que nacer niña en otro continente no signifique
tener menos probabilidades de sobrevivir, un mundo con igualdad de sueldos y oportunidades.
Un mundo donde ambas niñas se paren el día de mañana y se
enfrenten con más seguridad a su entorno,
porque no tendrán que partir de más abajo que sus compañeros hombre. Un mundo en el que mis hijas me miren a los
ojos y si me preguntan qué hiciste?, pueda decirles que aporte en algo dando
todo para que fueran felices y para que mi mujer no se sintiera en falta por
realizarse en lo profesional como todo hombre si puede sin necesidad de
cuestionarse.
Soy padre orgulloso de dos niñas, no porque sean
inteligentes o locuaces como sus compañeritos hombres, soy un padre orgullosos
porque independiente de su intelecto y de cualquier forma social de crianza,
son NIÑAS, que juegan, que lloran, que expresan, que sienten, que rabean y
mañosean, que al menos en mi ideal son capaces de desarrollarse en todos sus ámbitos
y no tienen que jugar a las tacitas si no quieren y cuando quieran jugar a la
pelota ahí estaremos para No atajar esos goles.
Po que los padres nos dejamos ganar no solo por que queramos
dar en el gusto, también lo hacemos para que esa niña sepa que puede lograr lo
que se emprenda, puede llegar a ser lo que quiera si se lo propone y nadie
puede venir y decirle que antes debe ser….. NO! Vayase a la mierda con su
machismo y patriarcado, acá en mi familia se nace y se vive como iguales y
todos nos respetamos y valoramos por lo que somos, con nuestras virtudes y
defectos y seremos lo que nos propongamos ser: médicos, barrenderos,
estilistas, dibujantes, motochorros, actrices, políticos, defensores, estadísticos,
críticos, mimos, diseñadores, viajantes, músicos, traductores, escritores o
eternos estudiantes…. Pero lo que seamos no tendrá que ver con si somos hombres
o mujeres, solo tendrá que ver con nuestra voluntad y la capacidad para llevar
a cabo lo que soñamos, y el resto se puede joder en sus prejuicios y hablar demás.
Después de todo me acuesto pensando en que mis hijas si
pueden levantarse pensando en que harán de entretenido en el día y que yo no me
debo cuestionar en si sobrevivirán otro día mas. Me duermo pensando en que
tantos padres en el mundo deben dormirse pensando en si sus hijas podrán llegar
a la adultez y mis preocupaciones carecen de sentido frente a la cruda
realidad.
Por eso hay que pensar en lo siguiente: salva a una niña y
salvas el mundo… porque ya no tienes nada que probar a los demás. Porque si en
el otro lado del mundo la supervivencia
no es una garantía, al menos en este lado la lucha va por que logremos de
una vez por toda igualar los derechos entre hombres y mujeres y no tengamos que
ver más mujeres muertas en los noticiarios.
Aspiro a un mundo en el que cada niña pueda al menos tener
la seguridad de que alguien está ahí por ellas, esperando a que despierte y
volver hacerla dormir porque tiene diez días y le espera toda una vida… que
sepa que alguien se sacrifica por ellas y que ese sacrificio no es deuda si no
que oportunidad, porque ella vale tanto como cualquier otro y que en lo más
profundo de mi corazón, le deseo lo mejor y la envidio por ser mujer y tener
toda la vida por delante para probarlo.