viernes, 5 de noviembre de 2021

la alegría y el buen vivir

Hoy nos congregamos como hace tiempo no lo hacíamos para despedir a una inmensa mujer. A mi madre, la Amy. Agradezco infinitamente la presencia de ustedes tomando en cuenta que ha pasado tanto tiempo desde que nos la arrebataron.

Comprenderán que de haber podido, mis hermanas y yo habríamos hecho esto mucho antes. Sabemos que es lo que ella hubiera querido, pero también sabemos que como en tantas otras cosas, nos hubiera comprendido por demorar hasta estar seguros que podíamos despedirla sin correr riesgos.

Desde el 05 de junio del 2020, a la fecha, hemos pasado por tantas cosas, que a veces siento que al menos mi madre no tuvo que sentir el miedo, la incertidumbre y el agotamiento que todos hemos sentido. Pero ella era una mujer fuerte, increíblemente optimista y que no se hacía mucho problema ante las complicaciones o carencias. Vivía como solo lo saben hacer unos pocos, de manera plena con cosas sencillas. Una buena taza de te, un buen libro, una buena película, una sonrisa de sus hijos o sus nietas, un paseo en la playa con su marido o una reunión con amigas. Que más se le puede pedir a la vida?

Es cierto, probablemente la tendríamos hoy con nosotros de no ser por la pandemia. Tuve la suerte de estar con ella los últimos meses, pero no dejo de sentir una profunda sensación de injusticia,  ya que la batalla contra el cáncer la iba ganando. La sensación de que se fue antes de tiempo nos persigue hasta hoy. Por eso me da una rabia tremenda que se haya ido así de pronto sin disfrutar de nuestros triunfos y poder acompañar nuestras derrotas, de ver a sus nietas crecer y a sus hijas realizarse al igual que ella. Poder ver como un nuevo Chile lleno de esperanzas va naciendo desde el 18 de octubre.  Y también por no poder agradecerle todos sus sacrificios.

Fue una gran mujer, como tantas en estas tierras. Con valores profundos que le transmitió a sus hijos. Con convicciones que la obligaban a ser más fiel a sus principios de lo que le hubiera gustado. Su ética nos moldeo, por eso yo le exigía más y aprendí que ese es el sino de los que van tratando de hacer lo correcto. Si se caen hay muchos otros esperando para reprochárselo. 

Tuvimos diferencias claro está, pero todas conversadas en la mesa, con un té y galletas. Pero tuvimos más encuentros, en el cine, en los Beatles y el inti-illimani y sobre todo en los libros, que después de su familia eran probablemente su mayor pasión.

Fue nortina como tantas otras que dan su vida por su tierra y sus hijos. Porque quieren y aman con todo lo que eso implica. Fue criticada por trabajar y dejar a sus hijos con otros. Por “anteponer una carrera profesional a su familia, a  no ser un ama de casa”. Fue hija de mujeres trabajadoras y lo digo en plural por que tuvo la suerte de tener, más de una mamá ( y por ende nosotros más de una abuela). Fue contra la postura política de su familia y vivió la dictadura como tantos, con miedo, teniendo que aguantar al dictador como se pavoneaba cuando en sus visitas a Regiones los funcionarios públicos estaban obligados a recibirlo. Pero nunca cambio su pensamiento, cristiano, humanista, social y de izquierda, que compartió con mi Padre y que pudo volcar cuando ya en democracia fueron capaces de defender lo que creíamos justo.

Aguantó estoicamente  el sistema público de este país. Pero supo sacar el debido provecho, aunque no para ella. Es poco lo que le retribuyeron comparado con una vida de servicio. Como tantos otros trabajadores del estado, dio su vida laboral por el resto, sacrificó su tiempo y su paciencia, pero al final logró tener la satisfacción de liderar el proyecto de la biblioteca regional para Antofagasta que hoy es orgullo de su ciudad y que algunos quieren, lleve su nombre…. Ojala sea así.

No podría hacer hoy, una apología de todas las facetas y la importancia de mi madre para tantas personas, lamentablemente me he dado cuenta más de eso, ahora después de su muerte. No podría ni querría hacer una semblanza de todos sus logros. No podría porque probablemente no lo sé. Ustedes lo sabrán mejor. Cada uno en sus corazones sabrá lo que significó para ustedes. Solo he intentado hoy manifestar lo importante que fue para mí y quizás un poco reflejar lo importante que fue para nuestras familias. La madre, la esposa, la abuela, la compañera, la luchadora de la cultura, la mujer con valores y convicciones intransables, pero a su vez la mujer conciliadora.

Esa era mi madre, una mujer como pocas o como muchas, como ustedes, que solo quiso lo mejor para el resto, que amo su trabajo y su familia, que supo dar las peleas importantes y dejar para después lo que no tenía sentido. Y al parecer, en ese gran regalo que nos legó, estaba todo el sentido de lo importante, pues logró entender que la vida no se trata de certezas. Y que a pesar de que el mundo se puede estar cayendo a pedazos, puede que todo esté en repetir como un mantra que se solucionará, que tendremos un final feliz. 

Y es que al parecer eso es la vida, mantener la esperanza y el optimismo sabiendo  que la mayor certeza es que así como en los libros, la última palabra no se escribe hasta que se lee.         

viernes, 8 de febrero de 2019


A cuatro años del fallecimiento de mi Padre, Eduardo Muñoz Gonzalez quisiera dejarles lo que el día de su funeral pude leer en representación de mi familia y ante todos los que fuimos a despedirlo:

Queridos familiares y amigos, hoy quiero representar a mi madre y hermanas, a mi esposa y si me lo permiten, a todos ustedes para despedir a nuestro amado padre, al querido tio Lalo, al adorado hermano, al profesor, al académico, al investigador y al maestro, al jefe, al compadre, al aventurero del desierto, al restaurador, al artista, al conservador de monumentos, al amigo, al  Negrito, al Eduardo, a mi papá…
No se encuentran fácilmente las palabras para expresar todo lo que mi padre significo para tanta gente, para todos los que en estos días han venido y llamado para expresar pena por su partida  y emoción de haberlo conocido. No me considero capaz de resumir lo importante que fue para tanta gente que lo admiró y lo siguió en sus épicos viajes por pampas y salares. No me alcanza la voz para expresar el orgullo que siento hoy y que siempre he sentido por su legado y su trabajo de tantos años.
Consiguió cosas que para muchos siquiera se sueñan, viajó y fue reconocido por su trabajo en distintos lugares del mundo, fue valorado por sus alumnos y en los distintos lugares en donde puso su talento fue admirado y reconocido. Restauró iglesias y pukaras, se enamoró del norte y lo hizo su tierra, defendió el patrimonio de las salitreras y puso en marcha trenes que estaban olvidados en el desierto, manejo incansablemente por tantos caminos y por tantos lugares para llegar a donde estaban sus más queridos.
A veces cuando los escucho a ustedes contarme alguna anécdota de viaje o historia familiar se me aparece como uno de esos personajes heroicos del desierto, icónicos y míticos que dieron y dan su vida por defender lo que ellos creen, la cultura y el saber de un pueblo olvidado con los años y que se esfuerzan porque ese conocimiento no se pierda porque a pesar de venir del sur, han aprendido a querer este norte grande y han sabido no solo reconocer su belleza sino que también defender su patrimonio.
Creo que todo esto ustedes lo saben o lo imaginan y lo hayan conocido más o menos, se han hecho una idea de que para nuestro padre la vida era un constante viaje, lleno de partidas y regresos lleno de anécdotas y desventuras, de sol y tierra, de mar y montañas. Puede que para muchos nuestro padre fuera el profesor entretenido  que cautivaba en sus clases porque no solo hablaba de lo que sabía sino que también de lo que había vivido, porque cuando te hablaba de un lugar, probablemente él había estado ahí.
Pero eso es justamente lo que ustedes sabían de él. Para mí era mi padre, al que esperaba con ansias cuando llegaba de cada viaje. El que nos  traía regalos por muy modestos que fueran, cada vez que volvía de terreno, el que cuando tuve edad me llevo a recorrer las iglesias del altiplano y me enseño la belleza de esta tierra y sus distintos pueblos.  El que de tanto viajar a Iquique, enamoro a mi madre y se la trajo a Antofagasta, el que me llevaba a jugar a la pelota a pesar de que odiaba el futbol, el que amaba incondicionalmente a sus hermanos y quería a sus sobrinos como sus propios hijos. El que cuando le pedí me comprara el castillo de He man, al no poder costearlo, decidió hacerlo con yeso y sus propias manos.   El que un día teniendo yo apenas ocho años me despertó de madrugada para contarme que había ganado el NO y ya no teníamos que tener más miedo. El que le enseño a andar en bicicleta a mis hermanas una y otra vez, el que construyo su casa con su esfuerzo y el de mi madre, el que convertía la madera en muebles o casas de muñeca y la greda en obras de arte, el que me enseñó a dibujar, a escuchar música y a manejar, el que amo las playas de esta ciudad y cocinaba cada domingo un plato exquisito y diferente, el que me perdono la primera vez que llegue con trago y que una y otra vez me dio otra oportunidad cuando me equivocaba, el que nunca me reprocho nada y respeto todas mis decisiones. El que rara vez me decía te quiero pero que después entendí, lo hacía de otras maneras.
Se que para mi madre, para mis hermanas y para mi familia hoy es un día difícil porque lo despedimos en un viaje distinto y  que será difícil sentir el motor de su camioneta y no pensar que vamos a verlo entrar por la puerta de la casa, con su traje de terreno, sus mochilas y cajas de vida llenas de tesoros.
Por eso hoy quisiera pedirles que lo recordemos como el hombre, padre, tío, profe, suegro, hermano, esposo, como quieran recordarlo, pero pensando en que este último viaje, quizás el más duro que le toco enfrentar, lo hizo con el mismo ánimo y fortaleza, con el mismo entusiasmo por vivir, aún cuando decaía y la enfermedad casi se lo llevaba, supo recuperarse muchas veces y encontrarle el gustito a las pequeñas cosas. Supo aguantar con una entereza admirable todos y cada uno de los dolorosos tratamientos y valoró cada momento que le quedo con los suyos, con sus hijos, su esposa, sus hermanos sus sobrinos, su nuera y su nieta que lo adoraba.
Le agradezco por último, a nombre mí familia, de mi madre y hermanas, a quienes estuvieron acompañándolo este último tiempo, a sus hermanos queridos, mis tíos que hicieron lo imposible por que el estuviera bien estos años en Santiago, tan difíciles, a sus amigos que lo querían tanto y lo apreciaban no solo por su trabajo si no que por su calidad humana. A todos ustedes un eterno gracias por regalarnos un poquito más de nuestro padre cada vez que nos han contado alguna anécdota o experiencia compartida con él.
Un adiós papito, que te vaya bien en este viaje, que encuentres tranquilidad y paz en donde quiera que estés. Estarás con nosotros en espíritu por siempre, porque antes de irte nos regalaste a cada uno de nosotros algo de ti, de tu talento y genialidad como artista, de tu pasión por tu trabajo y de tu respeto por la libertad y  de tu amor incondicional por tu familia.
Adiós Eduardo, adiós Lalo, adiós papá.

sábado, 24 de febrero de 2018

chancletero


Ya falta poco para que mi hija de diez días despierte.

El clic de las teclas suena peligrosamente desde que nació, porque su despertar significa que ya no podre conciliar el sueño hasta la madrugada, hasta que el sol se vea salir por detrás de la alta nieve, en un espectáculo tan maravillante como cotidiano.
 
Pero siempre hay un nuevo aire para quien lo necesita, y si amanece sin dormir, bien se puede esperar a la noche, hay una nueva oportunidad para soñar. Qué más da si el que sueña se pierde de disfrutar lo mundano, el cambiar pañales o sacar flatitos… lo que hace que la paternidad sea a la vez un martirio y una bendición.

A los diez días no se mensura que la falta de sueño es solo el menor de los sinsabores y que esos sinsabores pasan a ser lo que mueve tu  mundo. La angustia de dejarla sola por primera vez en la sala cuna, la preocupación incesante cuando está enferma, la inquietud sempiterna cuando llora sin consuelo y no sabes que hacer para que se calme. Pero sobre todo la permanente sensación de que la entiendes, de que tu pasaste por lo mismo y que en lo posible a pesar de que no entiendes como piensa una bebe de 10 días o nueve meses, solo te preocupa que este bien y que tenga un ambiente amoroso en el cual crecer.

Piensas en las niñas del mundo y solo quieres que la tuya tenga un mejor futuro: que no tenga que lidiar por un salario igualitario, que no tenga que lidiar con una sociedad machista que la juzgue por trabajar, que no tenga que cuestionarse si tener hijos o no y solo le vengan las ganas de repente con el instinto maternal, que pueda partir de las mismas condiciones que el resto de sus compañeros hombres y que no la encasillen en el rol de princesa por más valiente que sea….

Pienso en cuantas niñas del otro lado del mundo no tendrán la misma suerte y si logran ir al colegio ya tendrán 50% más de posibilidades de sobrevivir a la edad adulta. Pienso en las niñas de mi país que aun deben luchar contra la discriminación y la misoginia de sus padres y profesores. Pienso en la chica lesbiana que no logar calzar en su grupo y se siente fuera de lugar. Pienso en la niña migrante hermosa como princesa inca que debe aguantar una y otra vez la discriminación por su piel y rasgos. Pienso en la niña que por solo ser niña debe aguantar el abuso de su padre y de sus mayores, pienso en el silencio de esas niñas y lloro por tanta injusticia…

Soy hombre y nunca entendí porque no podía perseguir las mismas reivindicaciones de las mujeres cuando sentía y compartía su lucha como propia. Por que excluirme de eso si es la lucha más antigua y justa de la humanidad. Si el género determina, al menos que en esto haga una salvedad. Pero es raro dicen que el hombre abogue por los derechos de la mujer. No será Gay? Dicen los inseguros de si mismos. No será raro? dicen los que no entienden nada, no será falso dicen los que tienen que resolver sus propios traumas.

La sensibilidad me viene de mi padre artista y la convicción de mi madre bibliotecaria, amante de los libros, funcionaria publica que trabajo toda su vida por la educación de este país y que crio a sus hijos a pesar de las miradas pre-juzgadoras que no entendían como podía dejar a su hijos al cuidado de una nana.

Esa sensibilidad y convicción criadas y maceradas por años me permite hoy empatizar con cada mujer que lucha, con cada niña que sueña, con cada mujer que se preocupa por dejar a sus hijos solos por tener que trabajar y que de pronto ve todo cuesta arriba, con cada madre que como mi pareja, debe luchar con todo en contra para validarse en su trabajo por el puro hecho de haber elegido ser madre y priorizar la crianza de su hija pequeña. Porque tiene la certeza de que su hija la tendrá igual de difícil de aquí en adelante y más vale prepararla y darle todo el cariño para que nunca le falte corazón para salir adelante, Porque pucha que lo necesitará en el mundo de los hombres, machista y misógino que tendrá que conquistar, no por gusto si no que por el solo hecho de ser mujer, es lo que le tocó.

No soy el padre ni el marido perfecto, no me puedo arrogar la estatura moral para criticar a otros hombres por su comportamiento con las mujeres, aunque me gustaría decirle a un par de esos lo idiota que se ven cuando las denostan, generalizan o las limitan a objetos… pero no es el frente al que quiero llegar, porque existe un contexto más peligroso, en el cual las mujeres de hoy y las de mañana incluyendo a mis pequeñas hijas  se deben enfrentar.  Ese discurso moral que te dice que no debieras trabajar si eres madre porque descuidas tu labor sagrada y más importante, ese contexto que te obliga a pensar en todo y en todos porque los hombre trabajan y cuando llegan a casa deben descansar, como si lo que se hace en la casa no fuera trabajo también, ese contexto invariable y lapidario para las mujeres que son padre y madre a la vez que deben sacara a sus hijos adelante, formarlos con dureza para que no los pasen a llevar porque resulta que “como  no hay padre que los defienda están más vulnerables”. Ese contexto que te deja perplejo cuando ves que son las propias mujeres las que más discriminan y replican las lógicas machistas.

Solo quiero que mis hijas crezcan libres. Con todo lo que eso implica. Que no tengan que ser princesas si no quieren, que no escojan al hombre que las acompañara solo porque les dará estabilidad, que no escojan al hombre si lo que quieren es a una mujer, que no deban revisar si les pagan los mismo que sus compañeros, que no se sientan en falta por tener hijos y desaparecerse de sus trabajos por seis meses, que no tengan que probar a nadie que pueden compatibilizar ambos roles porque son incompatibles y como sociedad nuestra primera preocupación debe ser que nuestros hijos estén bien antes de cualquier otro interés. Ellos o ellas estarán bien porque tienen padres y madres que se preocupan de que estén bien y eso no significa estar todo siempre encima para que no les pase nada, significa que cada vez que se caigan o sufran,  sepan cómo contenerlos y darles consuelo, guiarlos en cómo sacar lecciones de los errores y como saber levantarse y sobrellevar el dolor como una de las tantas cosas que la vida te regala. Porque los niños y las niñas nacen para VIVIR, no para protegerlos de la vida misma. No somos guardianes de lo inefable, no somos eternos para estar siempre con ellos, los hijos e hijas son prestados, como decía mi padre, y el tiempo que nos toca acompañarlos es el más satisfactorio y a la vez el más intensamente angustiante que nos toca vivir, es la prueba máxima de vida, porque no se trata de la nuestra si no que de tratar de que ese otro/ otra pueda vivirla lo mejor posible. Es el eterno carpe diem, pero no egoísta si no que desinteresado y cruzado por el amor infinito hacia ese alguien que ayudaste a procrear.

Por eso, deseo que mañana cuando mis hijas se levanten vean un mundo de posibilidades, en el que no es imposible ser jugadora de futbol, arquitecto, médico, enfermera, político o escritora. Un mundo en que si eres carabinera no tienes que aguantar el acoso de tus superiores, un mundo en el que te dejen tranquila y ser lo que quieres es igual para mujeres y hombres. Un mundo  en el que el nacer mujer no es una desventaja.

Un mundo con más igualdad y equidad sin tener que pelear a diario por eso. Un mundo en el que nacer niña en otro continente no signifique tener menos probabilidades de sobrevivir, un mundo  con igualdad de sueldos y oportunidades.

Un mundo donde ambas niñas se paren el día de mañana y se enfrenten con más seguridad a su entorno,  porque no tendrán que partir de más abajo que sus compañeros hombre.  Un mundo en el que mis hijas me miren a los ojos y si me preguntan qué hiciste?, pueda decirles que aporte en algo dando todo para que fueran felices y para que mi mujer no se sintiera en falta por realizarse en lo profesional como todo hombre si puede sin necesidad de cuestionarse.

Soy padre orgulloso de dos niñas, no porque sean inteligentes o locuaces como sus compañeritos hombres, soy un padre orgullosos porque independiente de su intelecto y de cualquier forma social de crianza, son NIÑAS, que juegan, que lloran, que expresan, que sienten, que rabean y mañosean, que al menos en mi ideal son capaces de desarrollarse en todos sus ámbitos y no tienen que jugar a las tacitas si no quieren y cuando quieran jugar a la pelota ahí estaremos para No atajar esos goles.

Po que los padres nos dejamos ganar no solo por que queramos dar en el gusto, también lo hacemos para que esa niña sepa que puede lograr lo que se emprenda, puede llegar a ser lo que quiera si se lo propone y nadie puede venir y decirle que antes debe ser….. NO! Vayase a la mierda con su machismo y patriarcado, acá en mi familia se nace y se vive como iguales y todos nos respetamos y valoramos por lo que somos, con nuestras virtudes y defectos y seremos lo que nos propongamos ser: médicos, barrenderos, estilistas, dibujantes, motochorros, actrices, políticos, defensores, estadísticos, críticos, mimos, diseñadores, viajantes, músicos, traductores, escritores o eternos estudiantes…. Pero lo que seamos no tendrá que ver con si somos hombres o mujeres, solo tendrá que ver con nuestra voluntad y la capacidad para llevar a cabo lo que soñamos, y el resto se puede joder en sus prejuicios y hablar demás.

Después de todo me acuesto pensando en que mis hijas si pueden levantarse pensando en que harán de entretenido en el día y que yo no me debo cuestionar en si sobrevivirán otro día mas. Me duermo pensando en que tantos padres en el mundo deben dormirse pensando en si sus hijas podrán llegar a la adultez y mis preocupaciones carecen de sentido frente a la cruda realidad.

Por eso hay que pensar en lo siguiente: salva a una niña y salvas el mundo… porque ya no tienes nada que probar a los demás. Porque si en el otro lado del mundo la supervivencia  no es una garantía, al menos en este lado la lucha va por que logremos de una vez por toda igualar los derechos entre hombres y mujeres y no tengamos que ver más mujeres muertas en los noticiarios.

Aspiro a un mundo en el que cada niña pueda al menos tener la seguridad de que alguien está ahí por ellas, esperando a que despierte y volver hacerla dormir porque tiene diez días y le espera toda una vida… que sepa que alguien se sacrifica por ellas y que ese sacrificio no es deuda si no que oportunidad, porque ella vale tanto como cualquier otro y que en lo más profundo de mi corazón, le deseo lo mejor y la envidio por ser mujer y tener toda la vida por delante para probarlo.

 

 

 

domingo, 28 de enero de 2018

Ladridos en la noche

Es lo primero que recuerdo. Sentir el lamento del miedo representado en su aullar destemplado, dando alerta, avisando de algo, de algo más allá de su comprensión, de algo que se ampara en la noche para transitar de este mundo al otro y viceversa. La sensación me vuelve con total cercanía como si los oyera en este momento, como si al tratar de penetrar la oscuridad con mis ojos solo encuentro vacío y profundamente oscura niebla impenetrable para el sentido humano. Para nuestros sentidos atrofiados. Imposible para nuestro nivel de percepción. Pero no para ellos, con su habilidad lo pueden sentir, la amenaza que yo intento explicar ahora pero que se resume en un ladrido que es angustia, temor y rabia todo junto, que busca ahuyentar y pedir ayuda a la vez. Que clama por atención pero que busca señalar que algo no está en su lugar, que ese frio que recorre la espalda del que lo oye no es casual. Que lo podemos sentir aun cuando nuestro olfato e instinto atrofiado no nos permita verlo. Algo en nuestro cerebro se activa. Un botón de alerta, una respuesta instintiva e inmediata de que tenemos que evitar la oscuridad. De compasión por ese animal que está inmerso, que está siendo atrapado por ese algo que lo abarca con su negritud. Al que no podemos ayudar porque está lejos o porque nuestras piernas se paralizan y desobedecen nuestro pensar. Nos deja pasmados, obligados a contemplar algo que no queremos. Con Miedo, la más básica y aguda de las emociones en toda su magnitud. Porque ese Miedo es el original, el primigenio, el que sentimos todos cuando en medio de la noche de la nada un perro ladra como advertencia y socorro, como el miembro de la manada que alerta al resto de la amenaza, pero que en este caso le alerta al resto del mundo de que el limite se traspasó, que  la obscuridad se apodero de ese momento ínfimo, de esos segundos preciados y ya da lo mismo que estemos tras un muro o en el confort de nuestro hogar bajo la luz de la lámpara, porque eso que está presente, que se hace presente en ese momento nos conoce, te conoce a ti y a mi, desde antes que naciéramos, esa obscuridad absoluta se encarga de recordarnos que estuvo siempre, que le basta solo unos segundo para bloquearlo todo y llevarnos consigo. La Obscuridad consiente, la maldad más cruda y agresiva, el miedo más antiguo. El que está dentro de cada uno de nosotros. El que todos reconocemos y nos deja sin aliento por esos breves segundos. El que no tiene rostro ni cuerpo pero sabemos que está ahí, el que no tiene nombre ni forma pero si presencia. La nada y el todo a la vez. El temor primigenio que nos encuentra como cuando éramos niños aun cuando seamos adultos y peinemos canas. Esa conciencia innombrable que nos conoce como nadie, eso que no  me atrevo a ver directamente, eso que se convierte en el escenario de nuestros más funestos temores. Eso que no me atrevo a mirar y que solo ruego por no tener que escuchar, pero que cada noche vuelve. Cada noche nos recuerda que está ahí, solo a un paso de la realidad. Siempre como escenario, siempre como un contexto incomodo, siempre observando entre los árboles, solo perceptible por los perros que nos avisan de su presencia. Eso que no debe ser nombrado pero que ahora sé que existe y no quiero pero debo enfrentar. Eso que me acompaña desde pequeño cuando en un primer recuerdo, siento a lo lejos el ladrido angustioso de un perro y que al momento ya no se siente más. Solo vacío y temor. Porque lo que le pudo haber pasado a ese animal también me puede pasar a mí. Solo ruego que no se acerque más. Que se vaya y pase de largo. Que me dé una noche más de paz. Hasta mañana en la noche, cuando ya en el fragor del olvido y las derivas del sueño, vuelva a escuchar el ladrido. Y lo sienta de nuevo.

sábado, 30 de septiembre de 2017

Cansado de la gente

A veces me levanto así, atravesado por una lanza que me incomoda todo el día,  que no me deja acomodar el espíritu para coexistir en sincronía con el universo. Fue la comida? La intensidad del fin de semana? Las malas energías recibidas? No lo sé. Por lo general aguanto bien desde el alba hasta la noche y mejor cuando duermo poco. Pero la batería se acaba y hay días que no quiero nada de nadie, que me iría a tumbuktu y ojala ahí encontrar una cueva fresquita donde meterme para no verle la cara a nadie. Odio por la humanidad. Así lo interpreto. Difícil es si trabajas con gente y les debes respeto y los debes atender con la misma sonrisa de siempre, si les debes escuchar sus problemas y necesidades, cuando ya tienes suficientes con lo pesado de tu existencia, con que no te aguantas a ti mismo.

Difícil ponerse el disfraz en días como este y tener que salir a instalar verdades. Hoy no me interesa darle en el gusto a nadie. No me interesa mantener el personaje ni me da miedo desperfilarme. Hoy les  digo que me dejen tranquilo y que no me hueveen por favor.

Se pueden ir todos y desaparecer, ojala me dejen solo o me lleve el diablo a otra dimensión porque en días como hoy me gustaría estar solo y caminar por pueblos fantasmas llenos de polvo, con caminos de tierra y viento en la cara. En días como hoy se me acaba el amor por la gente y la esperanza en el ser humano y su capacidad de amar, porque en días como hoy es cuando más los veo como realmente son, seres egoístas, llenos de esterotipias y falsedades, queriendo parecer cosas que no son, jugando siempre a quedar bien, a mostrar lo felices, lo importantes que son y lo bien que están.

Me agreden las formas y las convenciones, me violentan profundamente los comentarios de buena crianza y las verdades a medias, las cortesías, las buenas costumbres y todo lo falso de la gente que pretende que se interesa por otros cuando la presión social es la que manda, ese ojo enorme que son los  otros y que nos están observando constantemente por si fallamos, por si damos un paso en falso y nos mostramos como realmente somos, cuan egoístas somos, cuan básicos y viscerales somos.

Dan ganas de gritar ¡yo soy uno más! ¡pero no me interesan ustedes, con suerte hoy me aguanto a mi mismo! ¡Déjenme en paz! ¡No me hagan actuar! ¡No quiero tener que actuar más!
Hay días en que amanezco atravesado por la lanza de lo imperfecto y lo políticamente incorrecto y mejor no me busquen ni me odien, simplemente ignórenme y háganme feliz.

Estoy cansado de la gente, de su divagar de sus caretas porque en ellas reconozco las mías. Porque me los sé de memoria y no aguanto la pedantería en que me convierto, porque sé que después se me olvida y vuelvo a ser como ellos, porque no soy alguien mejor, porque a veces siento que soy el peor de todo por odiarles tanto…

Hay días que amanezco así y durante la mañana me puede acompañar la música triste y el trinar de los pájaros. Con eso se me va desinflando el odio y la auto conmiseración.

Me imagino que después de todo siempre gana el control y el temor a  que ser marginado por la sociedad se transforme en una cárcel aun peor. Me imagino y me auto convenzo que en realidad no soy así, que es solo un estado, una mala vibración, que no logré acomodarme mientras dormía y desperté atravesado y fuera de línea, un poco distorsionado y desdibujado, un poco fuera de aquí y más de allá, donde todos incomodan o no existen de verdad.


Se me pasa al rato todo el odio y vuelvo a la rutina del aparentar , porque no me cuesta, por que calza con todo lo demás, porque sincronizo con el resto y me siento humano de nuevo, porque vuelvo a vibrar en el mismo tono y así no corro riesgo, porque ya no desafino y así pasa piola mi forma de ser. Al fin no me dejan muchas opciones, ellos son mas y yo soy solo uno, odiando al mundo por ser como es…. O no es así?

sábado, 28 de enero de 2017

Conexión

La noche estallo en abrazos y fuegos de artificio. La gente reunida en aquella casa se buscaba frenética para abrazarse y desearse el mejor de los años al igual que el año anterior. Yo que tenia a mi lado a mi mujer y a la bebe en sus brazos las abrazé primero y  me quede esperando a que el resto se acercara como quien tiene todo el tiempo del mundo.

Era tarde y mis hijas debían estar durmiendo pero se quedaron despiertas más por voluntad del ambiente reinante que por las energías ya agotadas de un día largo. Busque la mirada de mi Esperanza mientras abrazaba a sus abuelos. “Dejala” me dijo mi mujer, “los esta abrazando pero ya viene”.  La vi sortear abrazos y piernas para ir a donde estábamos y abrazarnos.  Nos fundimos en el ansiado abrazo que espera un año para repetirse. Feliz año papi – me dijo y me derretí. Luego abrazo a su madre y los cuatro fuimos uno.

Me imagine a mi mismo en tantos años nuevos, feliz porque era el día en que no había hora para acostarse, en que el cielo nocturno se hacía de día con los fuegos artificiales, en que llegaban todos los amigos de mis padres a saludarnos pero también me vi solo entre adultos que no entendían como actuar frente a un niño en año nuevo. Por eso sentí que en esos momentos cuando todo el mundo está preocupado de sí mismo, tuve la necesidad de ir donde mi hija y al menos con una mirada darle certeza de que yo estaba ahí para ella, para lo que ella y cuando ella quisiera. A veces solo faltaba una mirada para decir todo esto y ella solo con una sonrisa me lo agradecía.

Como era de esperarse, después del abrazo Esperanza se quedo en medio de toda esta gente gigante, que se abrazaba y apenas la esquivaba para no pisarla. Dimos mas abrazos y buenos deseos, agradecimos a los dueños de casa e incluso en alguna que otra ocasión, logre desearle realmente un buen año a quien abrazaba aunque no lo hubiera vistió en mi vida.  Pero luego la vi,  probablemente sintiéndose muy sola, como tantas veces yo me había sentido…. Y entonces decidí que no, eso a ella no le tenía porque pasar. Así que me fui  donde estaba y agachándome para quedar a su altura la abrace de nuevo  y le pregunte que le pasaba, -Es que echo mucho de menos al Tata- me dijo. – Yo también lo hecho de menos, mi amor. Pero el se encuentra en un lugar mejor. El se fue por que estaba muy enfermo y estaba sufriendo mucho en este mundo, el está en un lugar mejor- repetí casi por inercia como en otras veces cuando mi hija me preguntaba por mi Padre y porque estaba en el cielo y ya no lo podíamos ir a visitar.  Como se le explica a una niña de cuatro años el sentido de la muerte? Cómo se le hace ver que la muerte es algo definitivo, la más cruda de las verdades y como se puede dar uno el lujo de romper la perfecta ilusión de otro sin poder pegar los trozos después para repararlo.

-          Yo también lo echo mucho de menos , pero vamos a hacer un “salu” por el Tata para que se acuerde de nosotros y vea que estamos felices festejando -.

Solo entonces  logre que volviera a sonreír y brindamos, ella con jugo, yo con champaña, nada mas distinto,  pero que en un mágico momento decidido por los dos, se fusionan en un homenaje a mi padre muerto.

Luego la noche reinicio su andar y después de ese breve momento detenido en el tiempo,se me vienen a la mente tantas preguntas, tantas dudas y tantas sensaciones:  quisiera preguntarle yo a una niña de cuatro años, cómo es que se acuerda aún de su abuelo quien lleva hace dos años muerto, quisiera saber cómo explicarle el sentido definitivo de la muerte y a la vez quisiera no tener que hacerlo, quisiera que nunca se sienta sola o incomprendida por los gigantes que la rodean, quisiera creer que siempre voy a estar para ella cuando se que es imposible.

Dejo todos los quisiera junto con las lentejas y los deseos para el nuevo año. Me levanto porque la fiesta debe continuar aunque agregué más interrogantes a la vida que las que tenía cuando me agache.

Por último, como corolario de un momento irrepetible, le dedico mis pensamientos en esa noche especial a mi padre donde quiera que este. Le agradezco a mi manera por seguir estando ahí presente, por hacerse ver en esos pequeños detalles, por cuidar a mi pequeña, por marcar nuestras vidas y por hacerme ver la conexión que existe entre un padre y un hijo por muy pequeño que este sea. Y finalmente me quedo con la mirada inquieta e insegura de mi hija cuando buscándome entre las piernas de los gigantes, se encuentra con la mía y su mirada se torna en sonrisa segura porque ya tiene en quien confiar. 

domingo, 22 de noviembre de 2015

Quién era Raúl Muñoz?



Ver los aviones despegar y los aeropuertos me deja siempre incomodo con sabor  de despedida en la boca, de abrazos partidos e incertidumbre, queriendo salir pronto de ese espacio artificial y solitario a pesar del continuo tráfico de almas que se elevan y regresan de múltiples destinos.
Tantas veces recibiendo o despidiendo a Raúl se me vienen encima mientras vuelvo a casa después de cientos de kilómetros de viaje para despedirlo por última vez sin conseguirlo finalmente, sin poder decirle adiós y gracias por todo.
Se truncó nuestra voluntad como se trunca la vida y Raúl partió antes de que llegáramos a San francisco, pero lo que fue desazón en un principio se convirtió en tremenda emoción cada día que pasamos con su familia, que recorrimos sus lugares y asistimos a sus homenajes.
Ver a su hermano y su hija hablar frente a un salón lleno de gente para homenajear a Raúl fue el punto culmine, que empezó el martes con abrazos y lágrimas entre primos y tíos, sin entender mucho como alguien puede salir de nuestras vidas de manera tan rápida.
Murió en su ley dirán algunos, otros que era un obstinado por ocultar su enfermedad hasta que fue inevitable, pero lo que todos coinciden es que vivió una vida plena, que tenía mucho más para dar y que será difícil ahora transitar por los espacios que el llenaba sin esfuerzo gracias a su porte y talante.
Una vez me conto que alguien le había dicho que cuando llegaba a un lugar, parecía como si hubiera llegado el puto dueño, ya que nadie se sentía más seguro y experto en tantas cosas. Y que a pesar de eso,  cuando lo conocías te dabas cuenta que su porte y su aspecto rudo era el ariete que usaba por si se necesitaba conseguir algo, pero al rato de conocerlo se caía en cuenta que era una de esas personas capaces de ayudarte en cualquier situación y sin pedir nada a cambio, por que como él decía, mejor que te deban dinero es tener muchos amigos que te deban favores.
Yo envidiaba un poco su facilidad para levantar proyectos, para emprender aventuras y sobre todo para contarlas de manera entretenida y cautivante. Sin duda para mí, era alguien a quien admirar, que había resistido la dictadura, el exilio y la lejanía de su familia.
Es cierto que formo otra familia que yo no conocía del todo, tenía múltiples amigos y muchas más personas que lo admiraban. Supo construir su futuro y legado junto a la que fue su mujer y sus hijos, biológicos y adoptivos. Trabajo, estudio y luego siguió trabajando para ayudar a otros porque ese era su mayor motor en la vida, sin distinguir lazos, creencias o nacionalidad, solo cuestionándose que necesitas para estar mejor.
Ahora puedo decir que atisbe un poco de la vida de Raúl en San Francisco y que pude compartir con algunos  de sus amigos y concluir que ese no era el Raúl que yo conocía. Para mí era el Tío que llegaba cada cierto tiempo, a ofrecer soluciones, armar panoramas y contar infinitas anécdotas de como el mismo o sus múltiples amigos sorteaban las peripecias de la vida lejos del país de origen.
El sentía mucho cariño por sus sobrinos y cuantas veces no llego ofreciendo su compañía y cariño que rivalizaba con el de nuestros padres. Convengamos en algo, era el Raúl y a él no se le decía que no. Muchos me han dicho, después que mi padre murió, que era el más querido por todos sus hermanos, pero sin duda el Raúl era el más entretenido y se sabía entretenido, galán y capaz de entretener al resto veladas enteras con sus historias chistes y ocurrencias.
Claro, uno no puede conocer quién era Raúl en todas sus dimensiones, quien era realmente este personaje con pinta de gringo pero que tocaba la quena como si hubiera nacido en los andes. El versátil, el trabajador, el mecánico, el compañero, el hermano, el padre postizo, el amigo, etc.
No creo que de eso se trate el recordar u homenajear a alguien cuando ya se ha ido, no se puede retener su esencia tratando de captar todos sus lados de una vez, es imposible saber quién fue Raúl para tantas y tantas personas. Pero uno se hace una idea de lo importante que fue para esas tantas y tantos y sin duda me cuestiono mi propia actitud ante la vida, a veces apesadumbrada y llena de excusas para no hacer las cosas que son realmente importantes de hacer.
No lo vi en muchas de esas situaciones pero me lo imagino, arreglando el auto de su hijo, aconsejando a sus amigos, bailando cueca en la peña, discutiendo en las cortes por los niños y familias con las que trabajaba, ideando negocios con los hermanos, subiendo la sierra en una micro en Perú, sentado conversando con mi padre en él médico, ayudando a los refugiados, viajando a Santiago con ansiedad de ver a su familia de origen.
Él me decía que les había tocado difícil, que a él y a sus hermanos les había tocado vivir la violencia de un padre alcohólico y luego la separación de la familia, por la represión de Pinochet, el trabajo, y la violencia intrafamiliar. Decía que era una gracia que a pesar de todo eso nadie se hubiera suicidado o desecho en el proceso y que si la mayoría de los hijos de esos siete hermanos  estaban hoy haciendo sus vidas con sus propias familias, trabajos y vocaciones, sentía que no lo habían hecho tan mal como padres. Tenía razón, pero lo que no sabía es que todo tiene un costo, y que quizás son ellos los que pagaron el pato con enfermedades y dolencias producto de aguantarse tanta pena.
Me gusta pensar que se sintió contento al final, que como me decían mis primos estaba satisfecho con su vida y “no regrets”, sin remordimientos por como había hecho lo que había hecho. Sin duda una vida llena de decisiones difíciles, con daños colaterales que a lo mejor el nunca vislumbro pero que supo dirigir con aplomo hasta el final de sus días, y eso es admirable.
Me gusta pensar que el Raúl que yo conocí, el padre de mis primos y el hermano de mi padre no se hubiera amilanado con su partida, que hubiera tragado saliva y hubiera seguido con su vida, que había que tener pena pero no quedarse en ella mucho rato si no mirar de frente lo que viene. Me avergüenza un poco que tantas veces que conversamos sobre mis problemas, me mostraba la solución simple y sencilla a su manera, a veces muy difícil de mi punto de vista, pero que la solución no estaba en tener más recursos, vivir en un país desarrollado o tener mejores leyes,  si no que muchas veces la solución estaba en uno mismo y en derrotar las barreras que uno mismo se impone.
Sin duda ese es el Raúl que se me viene ahora con más fuerza, el que sonriendo y contando alguna anécdota te decía que la respuesta estaba en saber usar la cabeza, aprovechar la oportunidad y en usar un poco de esa viveza que tenemos los chilenos y que tanto mal usamos.
Son recuerdos y sentimientos que salen a borbotones,  complicados de expresar ahora y que se mezclan con la incómoda sensación de los aeropuertos, sus encuentros y desencuentros. Sé que las despedidas no le gustaban así que era mejor pensar en que en el próximo viaje nos veríamos y volveríamos a sentarnos a arreglar el mundo frente a una copa de helado. Y sin duda que así será.




Noviembre, 2015