Hoy nos congregamos como hace tiempo no lo hacíamos para despedir a una inmensa mujer. A mi madre, la Amy. Agradezco infinitamente la presencia de ustedes tomando en cuenta que ha pasado tanto tiempo desde que nos la arrebataron.
Comprenderán
que de haber podido, mis hermanas y yo habríamos hecho esto mucho antes.
Sabemos que es lo que ella hubiera querido, pero también sabemos que como en
tantas otras cosas, nos hubiera comprendido por demorar hasta estar seguros que
podíamos despedirla sin correr riesgos.
Desde el 05 de junio del 2020, a la fecha, hemos
pasado por tantas cosas, que a veces siento que al menos mi madre no tuvo que
sentir el miedo, la incertidumbre y el agotamiento que todos hemos sentido.
Pero ella era una mujer fuerte, increíblemente optimista y que no se hacía
mucho problema ante las complicaciones o carencias. Vivía como solo lo saben
hacer unos pocos, de manera plena con cosas sencillas. Una buena taza de te, un buen libro, una buena
película, una sonrisa de sus hijos o sus nietas, un paseo en la playa con su
marido o una reunión con amigas. Que más se le puede pedir a la vida?
Es
cierto, probablemente la tendríamos hoy con nosotros de no ser por la pandemia.
Tuve la suerte de estar con ella los últimos meses, pero no dejo de sentir una
profunda sensación de injusticia, ya que
la batalla contra el cáncer la iba ganando. La sensación de que se fue antes de
tiempo nos persigue hasta hoy. Por eso me da una rabia tremenda que se haya ido así
de pronto sin disfrutar de nuestros triunfos y poder acompañar nuestras
derrotas, de ver a sus nietas crecer y a sus hijas realizarse al igual que ella.
Poder ver como un nuevo Chile lleno de esperanzas va naciendo desde el 18 de
octubre. Y también por no poder agradecerle todos sus
sacrificios.
Fue
una gran mujer, como tantas en estas tierras. Con valores profundos que le
transmitió a sus hijos. Con convicciones que la obligaban a ser más fiel a sus
principios de lo que le hubiera gustado. Su ética nos moldeo, por eso yo le
exigía más y aprendí que ese es el sino de los que van tratando de hacer lo
correcto. Si se caen hay muchos otros esperando para reprochárselo.
Tuvimos
diferencias claro está, pero todas conversadas en la mesa, con un té y
galletas. Pero tuvimos más encuentros, en el cine, en los Beatles y el inti-illimani
y sobre todo en los libros, que después de su familia eran probablemente su
mayor pasión.
Fue
nortina como tantas otras que dan su vida por su tierra y sus hijos. Porque
quieren y aman con todo lo que eso implica. Fue criticada por trabajar y dejar
a sus hijos con otros. Por “anteponer una carrera profesional a su familia, a no ser un ama de casa”. Fue hija de mujeres
trabajadoras y lo digo en plural por que tuvo la suerte de tener, más de una
mamá ( y por ende nosotros más de una abuela). Fue contra la postura política
de su familia y vivió la dictadura como tantos, con miedo, teniendo que
aguantar al dictador como se pavoneaba cuando en sus visitas a Regiones los
funcionarios públicos estaban obligados a recibirlo. Pero nunca cambio su
pensamiento, cristiano, humanista, social y de izquierda, que compartió con mi
Padre y que pudo volcar cuando ya en democracia fueron capaces de defender lo
que creíamos justo.
Aguantó
estoicamente el sistema público de este país. Pero supo sacar el debido
provecho, aunque no para ella. Es poco lo que le retribuyeron comparado con una
vida de servicio. Como tantos otros trabajadores del estado, dio su vida
laboral por el resto, sacrificó su tiempo y su paciencia, pero al final logró
tener la satisfacción de liderar el proyecto de la biblioteca regional para
Antofagasta que hoy es orgullo de su ciudad y que algunos quieren, lleve su
nombre…. Ojala sea así.
No
podría hacer hoy, una apología de todas las facetas y la importancia de mi
madre para tantas personas, lamentablemente me he dado cuenta más de eso, ahora
después de su muerte. No podría ni querría hacer una semblanza de todos sus
logros. No podría porque probablemente no lo sé. Ustedes lo sabrán mejor. Cada
uno en sus corazones sabrá lo que significó para ustedes. Solo he intentado hoy
manifestar lo importante que fue para mí y quizás un poco reflejar lo importante
que fue para nuestras familias. La madre, la esposa, la abuela, la compañera,
la luchadora de la cultura, la mujer con valores y convicciones intransables,
pero a su vez la mujer conciliadora.
Esa era mi madre, una mujer como pocas o como muchas, como ustedes, que solo quiso lo mejor para el resto, que amo su trabajo y su familia, que supo dar las peleas importantes y dejar para después lo que no tenía sentido. Y al parecer, en ese gran regalo que nos legó, estaba todo el sentido de lo importante, pues logró entender que la vida no se trata de certezas. Y que a pesar de que el mundo se puede estar cayendo a pedazos, puede que todo esté en repetir como un mantra que se solucionará, que tendremos un final feliz.
Y es que al parecer eso es la vida, mantener la esperanza y el optimismo sabiendo que la mayor certeza es que así como en los libros, la última palabra no se escribe hasta que se lee.